Por Maximiliano Díaz
21 June, 2018

Tras firmar un decreto para mantener unidas a las familias, el presidente aseguró que el reencuentro, entre quienes ya fueron separados, no se concretará en el corto plazo.

Hace menos de dos semanas, Donald Trump y Kim Jong-un se conocieron en persona: la prensa mundial lo destacó como un evento sin precedentes. Dos de los mandatarios más peligrosos y volubles del mundo se veían cara a cara por primera vez, y el motivo eran promesas de paz. De inmediato, los mandatarios pasaban a convertirse en símbolos de la diplomacia. La memoria es frágil, y rápidamente habían quedado atrás los enunciados racistas, los escándalos sexuales, los campos de concentración, la hambruna y la homofobia.

Pero la altura de miras en la política del presidente electo de los Estados Unidos no lograba quitarle de encima el peso de sus decisiones anteriores. Hace menos de un mes, una noticia impactante en relación a sus políticas de inmigración recorría el mundo: Trump, el hombre que se propuso construir el muro en la frontera entre México y los Estados Unidos, había separado a los padres indocumentados de sus hijos, y gracias a un sistema deficiente de protección infantil, había perdido a más de 1.500 menores. Era como si los pequeños se hubiesen esfumado. Perdidos de la faz de la tierra. Los otros, los más “afortunados”, se refugiaban en albergues estatales. Apenas tapados en el piso o en literas incómodas. El sueño americano estaba devastando a miles de familias.

Jorge Duenes

Trump se sentía orgulloso. Para él, esta era una suerte de advertencia, una forma de amedrentar a las familias que se atrevían a cruzar la frontera de su país. Se refirió a la medida como una de “tolerancia cero”. Bajo su lógica, las medidas más duras para todos los inmigrantes, detendrían el flujo de los cruces fronterizos. A sus ojos, aparentemente, los indocumentados no coquetean con la clandestinidad por hambre o necesidad, sino por gusto. 

Aparentemente, sin que él lo notase, el poder que tomó la noticia la hizo llegar a algunos de los medios más importantes del planeta. Consultado, increpado y, finalmente, arrinconado políticamente por una población mundial indignada, Trump firmó ayer por la tarde una orden ejecutiva para acabar con la separación de padres e hijos en la frontera. Una medida que, hasta hace algunos días, el rubio presidente calificaba como “inevitable”. A pesar de no emitir lo que podría considerarse una “disculpa”, si bordeó un poco en lo que podría ser el reconocimiento de un error. Después de anunciar su decisión en la Casa Blanca, Trump sostuvo:

“Se trata de mantener a las familias juntas mientras nos aseguramos de tener una frontera fuerte”, agregó.

AP

De todas formas, el hombre más poderoso del mundo sigue creyendo firmemente en castigar a los inmigrantes ilegales. Para él, esta suerte de “mano blanda” en la política infantil, no desconoce que los adultos sigan siendo duramente procesados por intentar entrar a los Estados Unidos sin los papeles. Sobre todo los latinoamericanos. Para él, el único cambio radica en que ahora hallarán un modo de que menores y mayores se mantengan unidos durante lo que dure el juicio.

Los republicanos contra Trump

A pesar de que pueda llegar a sonar inverosímil, la nueva apuesta de Trump por no querer que los hijos sigan separados de sus padres, le ha traído al mandatario algunos problemas con su propio partido. Los republicanos se mostraron de acuerdo con Trump desde un principio con su política de la mano dura: para el presidente, el combate contra la migración ilegal era una prioridad total, y, según él, era la oposición demócrata la que tenía la culpa de las separaciones de los indocumentados y los menores que viajaban con ellos. Según él, todo podría resolverse si, sencillamente, los demócratas aprobaban las leyes migratorias que él había propuesto.

Esto, por supuesto, generó el rechazo de la oposición por utilizar a los niños inmigrantes para presionar al Congreso a aceptar leyes. Una jugada demasiado baja, incluso para él.

AP

Por otro lado, los republicanos también se le fueron encima, pues la actual medida de Trump dejaba más que evidenciado que el mandatario solo necesita de su propio poder para cambiar las condiciones de los inmigrantes. Entonces, ¿por qué buscar la aceptación de los demócratas?

Según los analistas, esto ha hecho que el presidente gane detractores desde todos los flancos: ahora, personalidades, ex presidentes, ex primeras damas, y políticos activos critican descarnadamente al presidente. Ha perdido capital político, credibilidad, y probablemente, muy pronto ya no sea la opinión más importantes sobre el debate migratorio. Según una declaración que Mark Peterson, profesor de derecho y ciencia política en la Universidad de California en Los Angeles, dio a la BBC, el panorama no es favorable:

“Esto tiene la apariencia de un giro dramático, pero el gobierno de Trump se encontraba en su situación más difícil políticamente”.

“Esto es el tema equivocado para ellos, lo último que quieren defender. No van a buscar el liderazgo [de Trump] o su dirección en política migratoria ahora”.

AP

Una herida que continúa abierta

Martes en la tarde. Cerca de 24 horas después, Donald Trump firmará la carta que permita a los indocumentados y a sus hijos mantenerse juntos. Ese día, el presidente declaró:

“No quiero que alejen a los niños de los padres. Y cuando procesas a los padres por venir ilegalmente, algo que debe hacerse, tienes que sacar a los niños”, explicó. 

The Guardian

Ahora parece ser que, además de voluble, el presidente también tiene poca autoridad sobre sus propias medidas. Y esto ha dejado muy poca claridad sobre el asunto de los menores separados de sus padres: los funcionarios del gobierno, por ejemplo, ya descartaron que la orden firmada permita que los menores se encuentren con sus padres en el corto plazo, pues ahora el futuro de los menores depende de los procesos judiciales en los que sus padres estén envueltos. Además, el gobierno no tiene permitido mantener a menores en centros de detención familiares por más de 20 días. Es decir, por temas de burocracia legal, los niños deben ser reubicados.

Entonces, si Trump planea mantener juntas a las familias por un tiempo indeterminado, y este proceso supera los 20 días, cada familia requerirá de una autorización judicial. No hay garantías de que todas la obtengan. Esto dejaría, nuevamente, a un número indeterminado de menores a la deriva. Y, probablemente, las familias se vean separadas de todas maneras. 

The Guardian

La Casa Blanca ha preferido no manifestarse al respecto de estos temas. Y los activistas han comenzado a impacientarse. Según Clarissa Martínez, vicepresidenta adjunta de UnidosUs (la mayor organización defensora de latinos del país), la medida es inaceptable por ofrecer tan poca claridad:

“La preocupación es que ahora pasen de encarcelar a niños y sus padres por separado a encarcelarlos juntos indefinidamente. Aquí sigue siendo la misma pregunta: ¿qué objetivo hay?, ¿tener un sistema migratorio ordenado o encarcelar a los inmigrantes? Están creando incendios y quieren que les den un premio cuando los tratan de apagar a medias, o cuando se mueven de ese incendio a comenzar otro. Eso es lo que estamos viendo aquí”.

John Moore

Martínez no descarta que varios grupos ciudadanos se alíen para demandar al gobierno. Trump, por mientras, espera. No dará su próximo paso sin consultar a alguien.

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