En varias zonas costeras, las tortugas marinas aún son vendidas como alimento, pese a que muchas especies están en riesgo de extinción. En Papúa Nueva Guinea, Arron Culling decidió actuar y, junto a un compañero, compró dos ejemplares que iban a ser sacrificados por unos 50 dólares.

En lugar de consumirlas, las trasladaron hasta la costa y las liberaron en el mar, devolviéndolas a su hábitat. El rescate fue compartido en redes sociales y generó diversas reacciones. Según Culling, no es la primera vez que lo hace: ya ha ayudado a liberar cerca de diez tortugas en situaciones similares.


El caso vuelve a poner en evidencia la amenaza que enfrenta esta especie, ya que miles de tortugas mueren cada año por captura legal o accidental en redes de pesca.
