Por Camilo Morales
14 abril, 2021

Tras perder su trabajo pagó un curso de cocina y materias primas para sus pudines. Su negocio tiene más de 60 mil seguidores en Instagram.

Hay ocasiones en que las personas piensan que sus situaciones no pueden empeorar y se rodean por incertidumbre. Eso ocurre muchas veces al momento de ser despedido de un trabajo y pasar durante mucho tiempo desempleado, sobre todo cuando los trabajos acaban debido a la pandemia de COVID-19, que ha complicado más el contexto mundial.

De eso sabe bien Jonas, un joven brasileño que trabajaba como barman en un pub de Sao Paulo, Brasil, pero que perdió su trabajo debido a que con la pandemia muchos locales y negocios relacionados con el entretenimiento, comida y alcohol tuvieron que cerrar tras el confinamiento y distanciamiento social preventivos. 

Rodeado de incertidumbre y sin trabajo, Jonas comenzó a vivir en casa de un amigo intentando seguir adelante. Fue así que, según informó en ese momento Razoes Para Acreditar, gastó sus ahorros en deudas y también para ayudar a su madre en sus necesidades económicas básicas.

Fue así que se quedó solo con 300 reales brasileños, que equivalen a 52 dólares. Sin embargo, Jonas tenía algo pensado: invertir lo último que le quedaba de dinero en insumos para hacer pudines y en un curso para aprender a prepararlos.

Jonas no sabría que esa inversión le ayudaría a concretar un negocio de pudines que comenzó a crecer poco a poco dentro de la comunidad de sus vecinos. Todo parecía ir viento en popa hasta que en una de sus primeras entregas fue asaltado fuera de su edificio, perdiendo todo su dinero y materias primas.

Sus vecinos lo alentaron a que publicara su historia en el grupo de Facebook New Dimension – Maracuja ERA, lo que generó mucho ruido entre las personas. Comenzaron a llegar nuevos clientes y Jonas recibió nuevos pedidos. Además, creó un Instagram de su tienda que sobrepasó los 60 mil seguidores.

La vida le tenía guardada una nueva oportunidad a este joven, que a pesar de haber sido asaltado nunca se rindió y siguió con su emprendimiento de pudines que ahora alimentan a todo su barrio.