Por Diego Aspillaga
12 marzo, 2020

Lawrence Anthony dedicó su vida entera a salvar y proteger a estos animales. Cuando murió, su familia se encontró con dos manadas distintas que viajaron más de 12 horas para despedirlo y rendirle un homenaje. Un testamento de la conexión entre las especies.

Los elefantes son criaturas impresionantes. Gigantescos, majestuosos y salvajes, estos verdaderos tanques también son de los animales más inteligentes y nobles de toda la naturaleza.

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Si bien son capaces de correr a velocidades sorprendentes y tienen la fuerza suficiente para destruir todo a su paso, estas criaturas se caracterizan por ser profundamente familiares y sobre protectores. Cuando uno entra a una familia de elefantes, estos harán cualquier cosa por protege y nunca se olvidarán de ti. 

Un vivo ejemplo de esto es la bella historia del sudafricano Lawrence Anthony, el conocido “susurrador de elefantes”. Anthony abandonó su trabajo en una inmobiliaria para fundar una reserva natural en Zuzulandia, en las antiguas tierras de caza del legendario rey Shaka, fundador de la nación zulú.

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Este parque, llamado Thula Thula, cambió radicalmente el día en que llegó un grupo de elefantes salvajes. Eran 5 gigantes paquidermos con una única obsesión: escapar de la reserva natural derribando con sus embestidas la valla electrificada.

Los zulúes, que no habían visto un elefante en su vida (ni siquiera en la época post-apartheid) y consideraban las reservas una excusa de los blancos para robarles la tierra, veían en esos paquidermos furiosos una amenaza; los furtivos, una mina de oro, y para Anthony eran el majestuoso símbolo de África.

Por eso se comprometió a protegerlos, llegando a forjar una estrecha relación con su brillante matriarca, Nana, que pasó de desear matarlo a acariciarle con la trompa húmeda como a un miembro más de la manada.

Suki Dhandra.

A lo largo de su vida Lawerence Anthony se transformó en un famoso conservacionista, activista ambiental y autor del conocido libro “El susurrador de elefantes”, en el cual relató con lujo de detalles cómo defendió a las manadas de estos espectaculares animales hasta ser considerado como un miembro más de sus familias.

Y si esto suena como una exageración para algunos, la dudas se disipan de inmediato al conocer los acontecimientos que siguieron a la muerte de este noble hombre en marzo de 2012: fue en este momento en que su familia habla sobre una solemne procesión de elefantes y eso no se puede explicar.

Dos manadas de elefantes salvajes sudafricanos caminaron lentamente a través del arbusto Zululand hacia la casa de Lawrence Anthony durante unas 12 horas.

Suki Dhandra.

Lawrence rescató y rehabilitó a estos elefantes rebeldes y violentos, destinados a ser sacrificados y ahora, años después, se acercaban a su casa para quedarse en una vigilia aparente y luego se dispersarse nuevamente en el bosque.

El hijo de Lawrence, Dylan, dijo: “No habían visitado la casa durante un año y medio y debieron de tomar alrededor de 12 horas para hacer el viaje. La primera manada llegó el domingo y la segunda manada, un día después. Todos estuvieron alrededor por unos dos días antes de regresar al monte”.

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Pero la pregunta es ¿cómo sabían estos elefantes que Lawrence falleció?

“Un buen hombre murió repentinamente, y a millas y millas de distancia, dos manadas de elefantes, sintiendo que habían perdido a un querido amigo humano, se trasladaron en una solemne procesión casi ‘funeraria’ para llamar a la familia en duelo en la casa del difunto”, dijo al respecto la rabino Leila Gal Berner.

“Si alguna vez hubo un tiempo, cuando realmente podemos sentir la maravillosa interconexión de todos los seres, es cuando reflexionamos sobre los elefantes de Thula Thula. El corazón de un hombre se detiene, y los corazones de cientos de elefantes están afligidos”, agregó.

Suki Dhandra

“El corazón tan amoroso de este hombre se ofreció a curar a estos elefantes, y ahora, vinieron a rendir homenaje amoroso a su amigo”, concluyó.

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