Por Antonio Rosselot
25 noviembre, 2020

Sólo basta que la abuela de la casa acerque las manos a su cola, y Meschia pasa de ser una perrita común y corriente a ser una real obra de arquitectura moderna. No hay nada mejor que una buena sesión de caricias, ¿cierto?

Todos tenemos nuestros puntos débiles, y eso está comprobado. Para algunos son las cosquillas en las plantas de los pies, para otros el nervio en el estómago, otros sufren cuando se les acercan al cuello… hay una gran variedad de talones de Aquiles en las personas de este mundo.

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Y claro, en los perros también. No hay nada que aprecien más que una buena rascada en todo el cuerpo por parte de sus humanos, o de cualquier persona la verdad.

Ellos viven por las caricias y la comodidad; si no, pregúntenle a Meschia, esta pastor belga malinois que llega a contraerse de gozo cuando la abuela de la casa le rasca la zona cercana a la cola.

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Les pedimos por favor que analicen la posición en la que queda la peluda: patas traseras totalmente rectas, una espalda que baja verticalmente y luego se curva hacia la derecha, desembocando en una cabeza que mira hacia arriba y unas patas delanteras que ya ni se entiende dónde están. Más que una perrita, parece una obra de arquitectura moderna.

Todo esto va acompañado por pequeños gruñidos de placer por parte de Meschia, que según sus dueños, “estalla de alegría” cada vez que la abuela acerca las manos a su trasero. Se ve que no hay nada que le guste más en el mundo y, claro, ¿a quién no le gusta que lo acaricien y le den cariño?

Por lo mismo, no podemos sino empatizar con ella e incluso envidiarla un poco. Esa soltura y ganas de vivir no se ve en cualquier parte…

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