Por Vicente Quijada
15 febrero, 2018

¡Y fue el mismísimo can quien escogió su compañía!

Hay cosas que, por naturaleza, no se pueden mezclar. Agua y aceite, el bien y el malo, y cómo no, perros y gatos. Una amistad imposible según algunos. Pero como en todo, hay excepciones. Y las mascotas que reunió Christina son una de ellas -y una muy tierna.

Ya que, contra todo pronóstico, Raven y Woodhouse, una husky y un peludo gato, son mejores amigos.

Instagram/@raven_and_woodhouse

Todo empezó cuando la entusiasta chica de Lubbock, Texas, adoptó a Raven, una simpática y peluda can, en julio de 2015. Y al mes, notó que le haría falta tener compañía para sus aventuras. 

Y cuando el perro era aún un cachoarro, fue junto a su dueña a visitar el refugio, con el fin de que fuera ella, y no su humana, quien escogiera a su nuevo amigo.

“Quería que pudieran llevarse bien”, explicó Christina. “Por lo que quería que ella conociera al gato, y que el gato se llevara bien con ella también”. Y así fue.

Instagram/@raven_and_woodhouse

Ya en el lugar, el por ese entonces cachorro se vio más interesado por quienes históricamente han sido denominados como sus enemigos: los felinos. Y tras intentar congeniar con cuatro gatos, llegó Woodhouse.

Y en ese preciso instante, Raven sabía que había encontrado a su amigo para toda la vida.

Instagram/@raven_and_woodhouse

“Siempre he querido que un gato y perro crezcan juntos. Ha sido un objetivo de vida”, manifestó la dueña. Y vaya que lo ha conseguido. Raven y Woodhouse son inseparables, y tal como esa tarde en el refugio, alternan animalescos juegos con abrazos fraternales e interraciales.

Instagram/@raven_and_woodhouse

Y si bien ya no se acurrucan como cuando eran cachorros, nunca han dejado de jugar. ¿Quién dijo que no podían ser amigos?

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