Por Ruben Peña Blanco
22 November, 2016

La dejaron en un refugio de alta matanza.

Alguien en Taiwán pensó que esta pequeña perrita ladraba en exceso, por lo que decidió cortarle las cuerdas vocales y, finalmente, cuando ya no podía producir cachorros para vender, la dejó en un refugio de alta matanza en el país asiático, donde conseguiría lo más parecido a un nombre: una etiqueta de metal en el que se lee 143.

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Kimberley Ann Cebada

Pero, aunque no tenía voz, pudo ser escuchada por una mujer que se enamoró de ella y que trabaja para una organización de rescate local llamado Cuidado de Animales Corazón de Taiwán.

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Kimberley Ann Cebada

Esta mujer, de nombre Johanna Quinn, logró trasladarla a Canadá a través de otra organización llamada Once Once Animal Rescue. Allí decidieron bautizarla con un nombre más real y menos de laboratorio: Akika, que significa “chispa brillante”.

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Kimberley Ann Cebada

Pronto Akika le dio luz al corazón de Johanna, que decidió brindarle todo el amor que no había tenido en su crianza.

Y pese a que otras personas intentaron adoptarla, la pequeña perrita siempre fue fiel a Johanna, con quien se quedaría al final y se mudaría a su casa, donde es muy bien cuidada y alimentada.

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Kimberley Ann Cebada

“Yo sabía que no podía dejar que mi amiga fuese adoptada por nadie más que yo”, dice Johanna a The Dodo.

Ahora Akika vive feliz en Canadá.

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