Por Alejandro Basulto
22 marzo, 2021

“Cuando accedió a irse a la cama tan fácilmente, sospeché de inmediato, como lo haría cualquier madre”, dijo Lynn Farrell, mamá de la pequeña.

La estadounidense Lynn Farrell sabe que tiene una hija muy única y especial, y por sobre todo cuando se trata de relacionarse con los animales. Ya que su adorada pequeña adora a todos los seres vivos, sean chicos o grandes, peludos o emplumados, con escamas o sin, de agua o de tierra… Mientras formen parte de la maravillosa fauna de este planeta, ella los amará. Por lo que no es de sorprender que esta niña se pusiera contenta cuando supo que con su familia se mudarían cerca de una gran colonia de gatos.

Lynn Farrell

Fue cuestión de días para que ella empezar a acercarse a estos felinos, a los que intentaba acariciar y alimentar cada vez que podía. Sin embargo, debido a su estatus salvaje, su mamá siempre estuvo tranquila ante el hecho de que nunca ella los traería a la casa, ya que estos gatos eran bastantes reacios al cariño humano. Además de que en la casa de Lynn Farrell ya hay tres felinos.

Lynn Farrell

Pero fue solo cosa de que llegara cierta noche, para que Lynn tuviera una sorpresa que le demostrara lo equivocada que estaba. Todo partió con una noche cuando ella decidió acostar temprano a su hija, sin recibir por parte de ella las quejas habituales. Por primera vez en mucho tiempo se había ido “a dormir” sin alegar. Y es que la pequeña tenía compañero de pijamadas, a un gigante y anaranjado felino.

“Cuando accedió a irse a la cama tan fácilmente, sospeché de inmediato, como lo haría cualquier madre (…) Cuando abrí la puerta, ambos asomaron la cabeza, como, ‘Oh, mierda, nos han atrapado’ (…) Me di cuenta de inmediato que tenían una conexión especial (…) Eligió bien en su nueva humana. Así que después de un baño y un cepillo, ambos se fueron a dormir calientes, felices y acurrucados”

– contó Lynn Farrell a The Dodo

Lynn Farrell

La hija de Lynn había metido al gato debajo de las mantas, acomodando una caja de arena del baño en su armario y además le juntó un poco de comida y agua. Luego de esa noche, llevaron a Pumpkin Jr., como llamaron a este simpático amigo gatuno, al veterinario, donde lo desparasitaron y le ayudaron con las pulgas. Para posteriormente ir en búsqueda de sus dueños en el vecindario, descubriendo que pertenecía al vecino de al frente.  Obteniendo este gato el permiso para dormir siempre con esta niña.

“Es tan dulce y ronronea constantemente, no creo que lo haya escuchado detenerse (…) Su habitación es su dominio, y [él] se los ha hecho saber a nuestros otros tres gatos que no se atreven a entrar en la habitación de su humano (…) Supongo que ahora tengo un cuarto gato”

– dijo Lynn Farrell

Sin duda, las noches de pijamadas entre esta pequeña y su amigo gatuno, Pumpkin Jr., están recién por empezar. Se vienen muchas más en camino.

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