Por Lucas Rodríguez
7 marzo, 2022

Un programa experimental llevado a cabo en Atlanta, Estados Unidos, busca formar a personas que han caído en la cárcel como entrenadores de cachorros. Compartir con los perritos ha sido de gran ayuda para su autoestima y capacidad para reinsertarse en la sociedad.

Uno de los grandes dilemas con el que deben lidiar los países modernos, es qué hacer con las personas que han cometido crímenes. La mayoría de nosotros sabemos que si cometemos algún acto penado por los códigos de justicia, iremos a parar a la cárcel. Pero que pasa a continuación, es algo de lo que no muchos de nosotros estamos al tanto. 

Para muchas personas, ir a dar a la cárcel es una sentencia que va mucho más allá del tiempo que el juez decida deben cumplir detrás de las barras. Esto puede convertirse en una pesado estigma, que les complicará mucho volver a conseguir un trabajo y reinsertarse en la sociedad.

Blair Devereaux

Es por esto que países como Noruega, buscan enfocar su sistema penitenciario no en el castigo, sino que en la rehabilitación. En cierto sentido, es algo emparentado con quienes manejan “Canine Cellmates”, un innovador programa enfocado en ayudar a quienes cumplen condenas no demasiado altas. 

El programa tiene como objetivo no solo ayudar a las personas a conseguir un oficio que luego puedan aplicar en el mundo exterior, sino que también, ayudarlos a sanar psicológicamente.

Blair Devereaux

Su estrategia para lograrlo es crear un vínculo entre la persona que cayó en la cárcel y un perro. Una vez unidos como dupla, comienzan a recibir una serie de lecciones que luego aplican los mismos presos para entrenar a los cachorros. El fin de esto es preparar perritos problemáticos, o que debido a la dura vida en las calles, no tienen las habilidades sociales para compartir con una familia, para que puedan ser adoptados. 

Blair Devereaux

En cierto sentido, el ayudar a un animal a comportarse, cosa de que una familia lo quiera acoger, funciona también como una metáfora para su propia situación.

Blair Devereaux

Keith, un presidiario que participó del programa, contó sobre su experiencia a TODAY:

“Me entristeció verle partir, pero me sentí orgulloso. Había trabajado con él todos los días durante 90 días, así que era mi compañero. Me alegro por él. Viniendo de donde vengo, me ayudó a tener una segunda oportunidad en la vida. El programa me está dando una segunda oportunidad y también a los perros”

–Keith, presidiario que trabajó con un perrito, para TODAY

Blair Devereaux

El participar del programa puede ayudar a algunos presos a conmutar sus sentencias. A sí mismo, contar con este en su hoja de vida sirve como sustento para cuando quieran reinsertarse en la sociedad: es una prueba de que pusieron de su parte para dejar de lado su pasado problemático. 

Puede interesarte