
A los 18 años, Terry Fox escuchó algo que destruye a cualquiera: cáncer de hueso, amputación inmediata. Le quitaron la pierna derecha por encima de la rodilla. Dieciséis meses de quimioterapia después, mientras veía a otros pacientes luchar solos en los pasillos del hospital, Terry tomó una decisión que nadie entendió del todo al principio: iba a cruzar Canadá corriendo para financiar la investigación del cáncer. 🦾
En abril de 1980, a sus 22 años, sumergió el pie en el Atlántico en Terranova y empezó. Cada día: 42 kilómetros. Con prótesis. Bajo la lluvia, el viento y el sol. Las ampollas eran constantes, el dolor también — pero Terry no faltó ni un solo día a su promesa. Lo que empezó como un hombre solo en una carretera se fue convirtiendo en un movimiento nacional: miles salían a las calles a animarlo, las donaciones llegaban desde todo el país, y Canadá entera se unía detrás de un solo propósito. 🍁
Tras 143 días y 5.373 kilómetros recorridos, su cuerpo no pudo más. El cáncer había regresado a sus pulmones. Con lágrimas en los ojos, dijo: “Esto no es el fin.” Y tenía razón. Terry Fox murió en 1981, pero su Maratón de la Esperanza sigue corriendo cada año en decenas de países. Hasta hoy, las Carreras Terry Fox han recaudado más de 850 millones de dólares para la investigación del cáncer. 🧡 No necesitaba ser un superhéroe — y eso es exactamente lo que lo convirtió en uno.