Fue a urgencias y los médicos la mandaron a casa por exagerar sus cólicos menstruales. En realidad, tenía una apendicitis que terminó explotando

Por Krishna Medina
30 September, 2026

Valerie Dursi-Barbuti tenía 23 años cuando llegó a urgencias en 2013, convencida de que podía tener apendicitis. Había pasado la noche sudando y doblada por el dolor, pero mientras esperaba, los doctores la vieron como una joven exagerada por cólicos menstruales.

Valerie Dursi-Barbuti/Sepsis Alliance

Tras horas temblando, se sentó en el piso del área de atención para que la vieran. Cuando finalmente le tomaron la tomografía, los encargados la interpretaron mal y le dieron medicamentos para una infección urinaria que no tenía y la enviaron a casa por un posible quiste ovárico. Ni siquiera le hicieron un análisis de sangre…
De haberlo hecho, hubieran visto su elevado índice de glóbulos blancos, producto de una infección.

El dolor volvió esa noche y la fiebre llegó a 40 °C. Desesperada, tomó hora con una ginecóloga que descartó el quiste y les indica una “masa”, que podía ser cáncer. Su madre pidió nuevamente el análisis, pero le dijeron que no era necesarios.

Valerie siguió esperando y tomando medicamentos que no la hacían mejorar. Tras varios días de llamadas para advertir que su estado empeoraba, su familia volvió al hospital. Cuando la operaron, su cavidad abdominal estaba llena de infección.

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Su presión cayó peligrosamente, tenía problemas para oxigenarse y su cuerpo estaba completamente hinchado. Sus padres consiguieron trasladarla en ambulancia a otro hospital, donde ingresó a cuidados intensivos y recibió tratamiento por shock séptico y una doble neumonía.

Su apéndice había explotado y se había disuelto por completo dentro de su cuerpo.

Valerie sobrevivió, pero necesitó semanas de hospitalización, antibióticos intravenosos y meses de rehabilitación para recuperar fuerzas y volver a caminar, hablar y levantar los brazos. Después llegaron la ansiedad, la depresión y el estrés postraumático.

@valerieats

Todo había comenzado con un dolor que ella sabía que no era normal, pero que fue minimizado como un problema menstrual. Su historia terminó con ella viva, pero es una advertencia: el dolor de una mujer no debería tener que convertirse en una emergencia mortal para ser tomado en serio.

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