La naturaleza también puede ser tierna: por qué algunos abejorros pasan la noche inmóviles sobre las flores

Por Krishna Medina
4 August, 2026

El abejorro vuela con la batería casi siempre en rojo. Agita sus alas unas 200 veces por segundo y tiene un metabolismo tan acelerado que necesita alimentarse con frecuencia para mantener sus reservas de energía. Volar, además, no es gratis: sus músculos necesitan alcanzar una temperatura mínima para funcionar y, cuando llega la noche o bajan demasiado las temperaturas, despegar puede convertirse en una tarea imposible.

Por eso, cuando la noche los sorprende lejos de la colonia, algunos hacen algo que a simple vista parece adorable, pero es pura estrategia de supervivencia: se aferran a una flor y permanecen inmóviles durante horas. Las flores no solo les ofrecen un lugar donde sujetarse; algunas pueden proporcionarles además un pequeño refugio frente al frío. Los abejorros pueden esconderse dentro de flores cerradas, que funcionan como pequeñas carpas térmicas, o descansar junto a otros individuos, incluso entre los estambres.

Durante el reposo, reducen su actividad y conservan la energía que necesitarán para volver a volar. No descansar tiene un costo: un abejorro demasiado frío no puede simplemente desplegar las alas y marcharse, porque sus músculos necesitan alcanzar una temperatura mínima para funcionar. Si además sus reservas de energía son bajas, puede no tener suficiente combustible para calentarse y despegar, quedando expuesto al frío durante más tiempo. Al amanecer, deben calentar nuevamente sus músculos antes de despegar, algo que consiguen haciendo vibrar su cuerpo y generando calor. Y tener una flor cerca tampoco es un detalle menor: al despertar, pueden encontrar allí mismo el néctar que necesitan para recuperar fuerzas.

Las hembras suelen regresar al nido, pero también pueden verse obligadas a pasar la noche afuera si las sorprende el frío o la oscuridad. Los machos, en cambio, pueden pasar la noche lejos de la colonia. Así, lo que parece un abejorro simplemente “dormido” sobre una flor es en realidad una pequeña pausa estratégica: esperar al sol para poder volver a volar.

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