Le Thi Trang estaba embarazada cuando supo que su hijo nacería con labio y paladar hendido. La familia de su esposo le pidió que interrumpiera el embarazo. Ella dijo que no.
No tenía dinero para una cirugía especializada, pero tenía algo más: la certeza de que su hijo merecía nacer. Y nueve meses después, en el Hospital General Nguyen Dinh Chieu de Vinh Long, a 90 kilómetros de Ciudad Ho Chi Minh, apareció la respuesta que esperaba, aunque no lo supiera todavía.

Un grupo de 58 médicos, dentistas y enfermeros llegó desde Japón, como lo hace cada año desde 1993. Es la Fundación Japonesa para el Paladar Hendido, liderada por el profesor Nagato Natsume, quien ya considera Vietnam su segunda casa. En 34 años operaron a más de 3.000 personas, siempre gratis. Este año, casi 50 familias se agolparon en un pasillo de hospital solo para tener una oportunidad.

El bebé de Trang fue uno de los elegidos. “Estoy profundamente agradecida de que estos médicos vinieran y me operaran gratuitamente”, dijo entre lágrimas. Natsume lo resume así: quieren que más niños crezcan felices de haber nacido. Treinta y cuatro años después, siguen cumpliendo esa promesa, una sonrisa a la vez.