Mariza Mojica estaba en el parque Versluis, en Plainfield Township, Michigan, cuando vio a una madre salir corriendo del agua con su hija de 2 años en brazos. La niña no respiraba.

Por un instante se quedó paralizada. Después se acercó, tomó a la bebé y empezó a hacerle respiración boca a boca. Cuando eso no bastó, pasó a las compresiones torácicas. Repitió el proceso una y otra vez, sin soltar, sin detenerse, mientras la madre lloraba a su lado. Fueron apenas dos minutos, pero para Mojica se sintieron como una eternidad.

La niña volvió a respirar antes de que llegara la ayuda profesional, y hoy ya está en casa, dada de alta del hospital. Mojica solo tenía una certificación de RCP obtenida en su trabajo y un pensamiento fijo en la cabeza: sus propios hijos. “Me gustaría que alguien lo hiciera por mí”, dijo. A veces el heroísmo no lleva capa, lleva un curso de primeros auxilios y la decisión de no mirar para otro lado.