Desde las diez de la mañana llegaron sin parar.
Con correa, en brazos, algunos asomando la cabeza por una mochila. El padre Ernesto Agüera abrió las puertas de la parroquia San Juan Bautista, en Santa Fe, Argentina, esperando una buena convocatoria para bendecir perros por San Roque. Terminó con casi 200 animales llenando cada rincón del templo, incluido un gato que se coló entre tanta cola moviéndose.

“Estoy recontra contento, fue una mañana maravillosa”, contó el sacerdote, todavía sorprendido por lo que había pasado. La tradición cuenta que un perro salvó a San Roque llevándole pan mientras estaba enfermo y solo, y por eso hoy es el patrono de los animales. Varios de los perritos que se acercaron ese domingo llevaban justamente su nombre.

Pero Agüera fue más allá de la anécdota religiosa. Habló de las ciudades como lugares de mucha soledad en medio de la multitud, y de cómo una mascota nos obliga a mirar más allá de nosotros mismos. La cita ya quedó agendada para cada 16 de agosto, con los gatos esperando su turno en octubre.