El 7 de junio de 2016, Colin Scott, de 23 años, daba un paseo tranquilo por Yellowstone con su hermana Sable, hasta que ambos se desviaron unos 200 metros del sendero habilitado, en la cuenca de géiseres de Norris.
Ambos querían encontrar una cálida y relajante agua termal donde remojarse, algo estrictamente prohibido. Cuando parecieron encontrar el lugar adecuado, Sable sacó el celular para grabar a su hermano mientras él probaba la temperatura del agua, pero justo en ese momento Colin resbaló y cayó en la fuente ácida que superaba los 90 °C.


La hermana pidió ayuda de inmediato y, aunque los rescatistas vieron el cuerpo, debido a las condiciones climáticas y la falta de visibilidad, no pudieron recuperarlo ese día. Lamentablemente, al volver a la mañana siguiente, no pudieron recuperar los restos del joven porque su cuerpo se había disuelto debido a la acidez del agua.
Solo aparecieron algunos objetos personales, como unas sandalias.
La zona estaba cerrada justamente para proteger a las personas de un peligro que no se nota a simple vista. Desde 1890, 22 personas han muerto en las fuentes termales de Yellowstone, pero ¿Cuántas señales hace falta ignorar para que alguien entienda que no están ahí por decoración?
